Mundos
Los universos detrás de las historias
Ni compendio de worldbuilding ni spoilers. Solo algunas cosas que se pueden saber antes de abrir el primer capítulo.
Lorr
El mundo de La daga de las almas
Lorr es un mundo secundario: historia propia, pueblos propios, física propia de lo sobrenatural. Dos lugares definen el poder: la ciudad real de Lyandra y la fortaleza de magos Kjasz. El rey gobierna; la fortaleza decide quién puede conjurar.
La magia de portales conecta Lorr con Naan, un mundo espejo, y con la Tierra. Esas conexiones están reguladas, lo que no significa que estén controladas. Pueblos no humanos —los sserdou y los grathoi— viven aquí con intereses propios, no como nota al pie de la política humana.
En Lorr la magia es un recurso administrado. Quién puede aprenderla es una cuestión política. Ese es el terreno en el que crece la lucha por la daga de las almas.
Armstrong
La ciudad lunar de Chobo Year
Siglo XXII, la Luna. Armstrong se extiende bajo una cúpula mágica iridiscente; bajo la superficie se ramifica un laberinto de túneles, cámaras y salas de entrenamiento cuyas paredes llevan runas de protección grabadas para que la energía mágica no escape.
Sobre la ciudad está el Jardín de Artemisa: flora alienígena bajo una luz iridiscente, árboles con troncos que brillan en azul neón y violeta, y que se mueven al compás de las mareas mágicas de la Luna.
La humanidad forma parte de la red comercial del Imperio Tahuyan. Con la red llegaron especies alienígenas —los tahuyanos escamosos, los ululuc bioluminiscentes, los barparpier cambiaformas— y una magia estandarizada que declaró brujería todo lo humano.
La geometría intermedia
Kepler, 72 grados, el pentágono
En ambos mundos aparece el mismo orden: el pentágono, el ángulo de 72 grados, la carta estelar como plano. Para Kepler la geometría era la llave del cielo: „ubi materia, ibi geometria“, donde hay materia hay geometría.
En mis mundos es la llave de la magia. Portales, runas y esquemas de navegación la siguen. No es casualidad ni esoterismo: es la regla que vuelve calculable una fuerza inventada y, por tanto, narrable.